Resumen: Dug es un dinosaurio verde gigante que asusta a los animales del bosque solo con caminar. Sin embargo, con la ayuda del canto de un pajarito, les demuestra a todos que solo es un gigante gentil al que le encanta bailar.
Recomendado para: Niños de 3 a 8 años, profesores de preescolar y padres que enseñan sobre la bondad y la ansiedad social.
Moraleja de la historia: No juzgues a alguien por su tamaño o el ruido que hace. Detrás de un exterior aterrador, a menudo hay un corazón lleno de música y amistad.

Dug era un dinosaurio de color verde brillante, y era muy, muy grande. ¡Era tan alto que cuando estiraba el cuello, podía ver más allá de las copas de los árboles más viejos del bosque!
Pero había una pequeña cosa: cada vez que Dug caminaba, el suelo no solo temblaba; ¡se sentía como si estuviera saltando! El sonido resonaba por todo el valle: — ¡BOOM… BOOM… BOOM…!
El Gigante que Hacía Temblar la Tierra
Los pequeños animales del bosque estaban muertos de miedo. Tan pronto como sentían el primer movimiento del suelo, todos se apresuraban a esconderse. La conejita salía disparada como una flecha: ¡Zip! La tortuga metía sus diminutas patas en su caparazón en un instante: ¡Snap!
— ¡Ayuda! ¡El gigante se acerca! — gritaban, desapareciendo detrás de las hojas y dentro de las madrigueras. Dug se detuvo, miró a su alrededor y sintió un pequeño tirón en su corazón. Se sentó pesadamente sobre la hierba — ¡Thud! — y suspiró una gran nube de polvo.
— No soy un monstruo malvado — dijo Dug con su voz suave y atronadora. — Solo quería que alguien jugara conmigo en el jardín.
Una Canción de Puntillas
De repente, Dug escuchó un sonido delicado que provenía de una rama cercana. — ¡Tweet-tweet… Tweet-tweet…! — era un pajarito cantando una melodía alegre, sin miedo al tamaño del dinosaurio en absoluto. ¡A Dug le encantaba esa música! Su larga cola comenzó a moverse de un lado a otro: ¡Swish… Swish…! y su enorme pie comenzó a marcar el ritmo: ¡Thump… Thump…!
Dug se levantó con cuidado. No quería asustar a nadie esta vez; quería mostrarles cómo se sentía. ¡Quería **bailar**! Con un salto torpe y alegre, inventó su propio paso: — ¡BOOM-CHA! ¡BOOM-CHA!
El Bosque Feliz
Los animales, sintiéndose curiosos, comenzaron a asomarse por detrás de los árboles. Lo que vieron fue lo más divertido del mundo: Dug estaba sonriendo de oreja a oreja, girando y aplaudiendo con sus cortas patitas.
La tortuga sacó la cabeza y sonrió. La conejita volvió saltando, dándose cuenta de que Dug era grande, pero tenía un corazón del tamaño de un globo gigante de fiesta. Pronto, ya nadie se escondía.
Todos comenzaron a saltar y bailar junto con el gigante verde. ¡Todo el bosque tembló esa tarde, pero esta vez no fue por miedo, sino por pura alegría y amistad!
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